¿Por qué un minuto de espera se siente como una hora, pero una semana de vacaciones parece haber pasado en un segundo al regresar a casa?
Imagina que tu cerebro genera "pulsos" constantes. Tu atención es el guardia de la puerta. Si prestas atención al reloj, la puerta se abre de par en par. Si te distraes, la puerta se cierra.
Al prestar atención al tiempo, la puerta se abre. Registras cada pulso. El presente se siente eterno.
Sin novedad ni recuerdos, este periodo se encogerá en tu memoria una vez que termine.
El cerebro evalúa el tiempo de dos formas que suelen contradecirse.
Durante la espera, la atención obsesiva al paso de los segundos dilata el presente. Pero como no ocurre nada nuevo, el hipocampo no crea marcadores de memoria.
En un viaje o actividad intensa, ignoras el reloj. El tiempo "vuela". Sin embargo, la densidad de recuerdos nuevos hace que, al mirar atrás, el periodo parezca una eternidad.